domingo, 1 de octubre de 2017

Confesión oscura.

Se estaba muriendo o matando, ni ella misma lo sabia. 
Su dolor emocional la estaba torturando, día si y día también, habían momentos buenos pero demasiados malos. 
No era capaz de ver más allá, se estaba estancado, se estaba muriendo. 
La enfermedad la estaba consumiendo lentamente y su tristeza escondida que ni sabía que existía la estaba matando por dentro de una forma profunda e incurable, y su salvación, le había dado la espalda, su refugio había desaparecido, tenía otros brazos y otros ojos en los que perderse. Tenía todo y a la vez nada, y sus ganas de vivir se hacían cada vez más pequeñas, escasas, su falta de amor, su pasado la perseguía en vida y en sueños. 
Ella sabía que no le quedaba mucho, que por una razón u otra se iba a consumir antes de tiempo y la cuestión es que ella de verdad deseaba eso, y así alcanzar un poco de paz. 
A días quería intentarlo hasta decir basta, a otros no quería ni levantarse de la cama. Pedía ayuda, pero nadie la auxiliaba, no quería atención, ni dinero, solo un poco de amor incondicional, solo quería salud, cumplir sus sueños, pero cada vez estaban más lejos, cada vez era más imposible, cada vez sus enfados eran más frecuentes. 
Tenía depresión y ni ella lo sabía, de que servía gritar tanto si nadie la escuchaba, todos hacían oídos sordos hacia ella, pensaban que todo era un cuento, que todo era una actuación, y cuanto más la rechazaban, cuanto más la criticaban y juzgaban a los que ella aún quería sus heridas se hacían más grandes. 

Ella solo quería confesar algo. 
Que amo, de la mejor forma que pudo, que lucho hasta que su armadura se gasto, que durante un tiempo fue feliz, que almenos por un tiempo se sintió viva. Pero que ahora ya no quería vivir, que poca cosa podía salvarla, y no quería lastimarse, que deseaba que la vida apagará su vela que ella ya no quería encendida.

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