Eras esa espuma que se formaba al borde del mar, en la orilla, con lo que muchos niños jugaban y luego volvías dentro del mar y desaparecias.
Eras ese escondite favorito cuando eramos pequeños, pero que un día crecimos y dejamos de entrar en ello, se nos hizo grande.
Eras el olor a café de la mañana que tanto esperaba, eras día y noche, calma y tormenta, eras todo lo que uno podía pedir en un pequeño frasco que guardaba tu esencia, pero te caíste, te rompiste en mil pedazos, y su esencia se perdió, y solo la tenían aquellos que un día tu olor capto.
Eras ese recuerdo que sacaba mil sonrisas, que por más intentaran olvidarte eras ese tatuaje para toda la vida grabado en la parte favorita de tu cuerpo.
Eso era, un aire fresco que al llegar dio vida y que ahora aunque se marche su pequeño frasco dejó su olor, dejó su esencia, dejó su calor en cada rincón del corazón.