Momentos en los que te falta la respiración y la desesperación se apodera de tu cuerpo, situaciones en las que te encuentras atada de pies y manos sin nada que hacer pues seguirá siendo la misma mierda hoy y mañana.
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Hoy hacia tres semanas desde que su amor se había marchado, y por más que sabía que aun faltaban cinco más nada la calmaba.
Desde el inicio en su amistad habían sido un refugio y un consuelo uno del otro, un apoyo , un: tranquila yo estoy contigo y todo saldrá bien, te lo prometo.
Ella se encontraba en estos instantes en un gran problema, una pesadilla que la llevaba atormentando desde su infancia, y más aun en los últimos tres años; una pesadilla tan fuerte y dolorosa como una gran tormenta en mitad del océano que la arrastraba hacia lo mas profundo ahogándola y robándole la vida poco a poco, sintiendo la agonía en su piel pues estaba atrapada.
Su motivación no se hallaba, entonces, ¿para que luchar? Pero unos amigos le recordaron quien era, que había luchado miles de batallas y que podría con unas más, porque sino había fallecido antes no lo iba hacer ahora´; así que con tristeza se levanto de la cama y como buena soñadora respiro hondo y no permitió ni permitirá que el océano se lo trague, lo intentará hasta su último suspiro, porque seguramente a su amor y la gente que se preocupa por ella no le gustaría para nada ver la así, sino valiente, feliz y sonriente, esa sonrisa que él amaba.
Pasaban las horas y se quedó dormida en el sofá, y soñó con él, con cada momento increíble juntos y eso solo era el principio de su historia.
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Es inevitable estas situaciones, y también es un poco de mala suerte pasarlo todo a la vez y de golpe.
No todos tenemos la misma capacidad de enfrentarnos a ello, depende de personalidad y carácter, pero lo importante es que nunca te sientas solo, que después de llorar te seques las lagrimas y sonrías aunque sea con dificultad, porque: Enamórate de la vida que nadie dijo que fuera fácil.

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